martes, 26 de julio de 2011

La comida que nos une!




No soy Chef, ni hago inventos culinarios porque en vez de hacer una gracia termino haciendo una morisqueta. Por supuesto, soy el rey de de las pastas y todas sus variedades: boloñesa, carbonara y al ajillo. Que si me gusta comer? Pues sí, me encanta comer, comer platos sabrosos, con una buena sazón y una buena pinta que después de degustarlo no se me olvide nunca.
Hago mención a lo sabroso que es comer porque en estos días leía un artículo en una revista reconocida sobre un atleta y modelo llamado Ivan Scannel que expresaba su admiración por la comida, pese a que siempre tiene que estar a dieta por las exigencias de su trabajo. Exactamente decía que “la comida era la base alrededor de la cual se reunían, construían y mantenían unidas a las familias, las amistades y las comunidades”.
Qué manera tan acertada de definir el concepto de la comida, siendo una de las acciones más importantes que el ser humano aún no ha olvidado y que por eso es motivo para darle curso a este fiel teclado.
Comer no sólo se refiere al hecho masticar e ingerir los alimentos, es una forma de comunicación e interrelación, es ese momento tan especial que une a toda la familia y que da pie para relatar historias, anécdotas y un sinfín de cuentos que giran precisamente en torno a esa majestuosidad de platillo, lleno de color y aroma indescifrable.
Por ejemplo, en mi casa nunca falta una reunión familiar en donde la comida no deje de ser la protagonista, sea un buen desayuno, un suculento almuerzo o una ligera cena. La mano mágica de mi madre es la que hace posible que una receta sencilla parezca un platillo digno de ser reseñada en las mejores revistas culinarias. Por supuesto que en esas reuniones nunca falta la persona que pida a gritos la receta y elaboración de esa maravilla de comida, pero ojo, es preciso recordar que así hagas una receta siguiendo los mismos pasos del artífice, jamás tendrá ese sabor que con tanto amor salen de esas manos llenas de historia adobadas.
Es que comer es toda una sabrosura, tan sabroso como un buen dulce de chismes maritales, una propuesta de matrimonio entre delicados bocadillos o una jugosa propuesta laboral celebrada entre copas y un buen churrasco de emociones.
Si, la comida es ese compinche ideal – de aderezos y especias – en el que ponemos toda nuestra confianza a la hora de drenar las más intensas emociones, ejemplo claro, la recordada película Como Agua para Chocolate, historia de Tita, una joven que por tradición familiar se le niega la oportunidad de amar, por lo que se refugia en la gastronomía para crear nexos de unión familiar y que usa como medio de expresión sentimental a través de platos exquisitos y emotivos. La importancia de la comida como elemento unificador, también es relatada en programas como Brothers and Sisters, una serie que refleja la conexión familiar a través de grandes banquetes en donde cada uno de sus personajes hace catarsis de sus problemas y conflictos.
Hoy y a pesar del vertiginoso ritmo laboral, no se ha perdido esa tradición de congregar a las familias a través de la comida, algunos no les queda más remedio que esperar las festividades para degustar ricos platillos y disfrutar de una buena sesión familiar llena de bebidas y dulces caseros que siempre alegran el espíritu y el paladar. Yo, particularmente no espero mucho para disfrutar de ricas comidas y melódicas historias familiares, total, siempre tengo el día Lunes para empezar la dieta, que viva la comida!

domingo, 27 de febrero de 2011

Vendiendo Cotidianidad







Woow, tenía mucho tiempo sin escribir, tiempo sin dedicarle tiempo a la inspiración, a alimentar la mente y por supuesto, tiempo sin ofrecerles a ustedes, los lectores, un pedazo de lo que realmente significa escribir historias que nos identifican con nuestra cotidianidad.
Desde hace un tiempo había dejado de escribir, miles de razones que no vale la pena señalar, pero estoy de vuelta y lo hago porque sentí la necesidad de contar como un trabajo – que nunca me llamó la atención – me envolvió entre tanta teoría, procedimientos y agilidad verbal.
Primero que todo, debo ser sincero, nunca me ha gustado el trabajo de vendedor, esa responsabilidad que amerita salir a recorrer calles infinitas y ajetreadas, sólo para conseguir vender un procedimiento, una idea, un producto. Para mi vender significa estar preparado para encontrar miles de reacciones, a favor y en contra. Significa armarse de paciencia para procesar lo que nunca me ha gustado escuchar – bueno lo que nunca nos ha gustado escuchar – la palabra No.
Miles de veces, escuchamos cuando nos dicen No y entramos en un estado negativo que rápidamente nos parece que así se moverá el resto del día. Siempre me negué a trabajar como vendedor, pues la mayoría del tiempo uno mismo rechaza la postura de quien nos está ofreciendo y vendiendo un producto sin pensar que ese rotundo No, podría afectar el sistema económico de ese vendedor que con tanta paciencia y dedicación se nos acerca para exponernos sus ideales.
Pues sí, repentinamente llegué a formar parte de esa bolsa de trabajo que sale a la calle todos los días para vender una idea preconcebida, luchando contra docenas de No y algunas veces felicitándonos por lograr el objetivo, vender.
Viéndolo desde otro punto de vista, desde que el mundo es mundo, siempre hemos estado involucrados en las ventas, desde que nacemos, vendemos un ideal, un prototipo que con el pasar de los años va adquiriendo forma, física y mentalmente. Vendemos sonrisas tipo comercial de televisión cuando queremos algo en particular. Vendemos estados de ánimos cuando queremos estar solos ó acompañados.
Hasta cuando escribimos, vendemos una idea y un concepto. Cuando escribimos dejamos drenar un sinfín de imágenes mentales y nuestro sistema de creencias y valores se van transformando en un producto que pronto será sometido a un proceso de ventas, que luego será rechazado o aprobado. Vender es todo un arte, y diariamente vendemos nuestra cotidianidad cuando involucramos antecedentes históricos, anécdotas y pensamientos, cuando agotamos todas las herramientas (risas, miradas y gestos).
En las ventas, se realiza un plan de trabajo, que nos permite fijar esos objetivos que queremos alcanzar, se establecen rutas diarias por zonas, para lograr cubrir una importante cantidad de clientes y se elaboran propuestas para captar nuevos potenciales. En la cotidianidad, nos trazamos un plan de vida para conseguir esa meta que tanto soñamos, creamos una ruta habitual que viene acompañado de familiares, amigos y compañeros de trabajo claves, personajes que cada día nos van enseñando el significado de esa vida que queremos lograr.
Tanto en las ventas como en la vida, hay fallas y recompensas. En ventas, una falla puede crear ciertos riesgos monetarios que pueden afectar a la empresa y al bolsillo de quien ha sudado para lograr cubrir ciertas cuotas, destacando que siempre hay una posible solución. En la vida hay fallas amorosas, personales y profesionales, de las cuales siempre se van tejiendo experiencias que se transforman en un importante aprendizaje para que en un futuro no tropezar con la misma piedra.
La verdad es que vender resulta tedioso, pero también gratificante, cada día esas calles que nos parecen odiosas, nos enseña nuevas formas de acercamiento hacia un cliente, nos brinda un panorama de cómo debemos actuar ante posibles negativas. Vender nos ayuda a ser empáticos y descubrir las necesidades de nuestros consumidores. Créanlo ó no, el oficio de vender puede resultar atractivamente económico y satisfactorio, cuando vemos esas caras de felicidad de gente que compran ese producto tan anhelado, y cuando pensamos en esos fieles lectores que se regocijan con buenas historias condimentadas de realismo y cotidianidad, de la cual siempre estaremos vendiendo como pan caliente.
Ahora me dispongo a crear mi plan de trabajo, cuidence.