sábado, 31 de octubre de 2009

Cómo conservar buenos amigos. Paso 1: Selección

Cuando hablamos, discutimos y luego reflexionamos sobre cierto problema que nos aqueja o nos hace daño, siempre sale el dicho que dice “uno nace solo y no acompañado”, y ciertamente es así, uno nace soliiito, desnudo y vulnerable. Ciertamente no nacemos ni aprendidos ni con futura carrera prometedora, ni con carro, ni cuenta bancaria, mucho menos nacemos con amigos que por precaución son escogidos a dedo por nuestros padres.
En esta parte de la escogencia de amigos, esa acción de socializar con gente de tu misma edad, es un paso muy importante para nuestra vida, créanlo o no, es un lazo que nunca se rompe, sólo va madurando y cambiando de piel con el pasar de los años. Cuando nací, crecí y cumplí los 10 años, fueron muchas escuelas por las que tuve que pasar debido al tipo de trabajo que desempeñaba mi papá.
Fueron tantos colegios y con ello tantas caras que aún recuerdo a pesar de los muchos años que han pasado hasta ahora. Pero bien, el punto es que el proceso de escoger amigos para mí es algo que se debe hacer cuidadosamente, así como se escogen unos buenos tomates para una suculenta salsa para pasta ó un buen aguacate para una rica guasacaca. Para mí la selección de los amigos tiene que estar totalmente relacionada a como pensamos y nos comportamos. No podemos ser unas personas de buenos principios y tener amigos que regularmente infringen las leyes y reglas de las buenas costumbres dentro de la sociedad. No es adecuado ser una persona sanamente normal y andar con un grupo de gente alcohólica que no saben medirse y ponen su suerte a la buena de Dios.
Fíjense, cuando por fin logré quedar estable en una escuela para estudiar el 3er grado (si tengo buena memoria) empezó una lucha interna por crear un grupo de amistades que tuvieran casi casi la misma percepción que yo, claro qué ser humano a la edad de 10 años va a saber lo que es percepción, pero bueno digamos que eso era lo que trataba de buscar en aquel momento, sólo que en resumidas cuentas era buscar relacionarme con gente, sólo eso. En mi cabeza surgía la pregunta: ¿a quienes seleccionaré como amigos para el resto del año escolar? Afortunadamente no pasaron ni tres días cuando ya tenía un grupito hasta ahora estable, 2 hermanos y el hijo de la Coordinadora de la Escuela.
Pasó el tiempo y milagrosamente aun estudiaba en el mismo colegio y con los mismos amigos, el mismo hijo de la Coordinadora y los mismos dos hermanos. Avanzando de grado, fueron uniéndose más gente al grupo, una muchacha linda e inteligentísima, un chamo de vida muy relajada y una maracucha algo obstinada. Todos estos personajes junto conmigo por supuesto, logramos una alianza sólida. Un grupo que supo distinguir sus límites, pero que recorrió media urbanización buscando diversión en la carretera de la juventud.
A pocos días de orgullosamente graduarnos de Bachilleres en Ciencia, surgieron algunos roces e incompatibilidad de caracteres, se fueron volteando muchas caras y tristemente el grupo de casi 7 años se desarmó por completo, logrando quedar la chica linda e inteligente, el famoso hijo de la famosa Coordinadora y este humilde servidor. Pienso que la separación no fue triste, simplemente tenía que suceder, simplemente era un ciclo que tenía que cerrarse para pasar a otro nivel, un nivel donde la rebeldía de la adolescencia nos golpea el pensamiento y nos hace ver la vida de otra manera, buscando así aceptación y liderazgo.
Cerrando este ciclo (ciclo sabroso y lleno de maravillosos recuerdos), la etapa universitaria es la que más relevancia tiene y la selección de nuevos amigos toma otro sentido, ya no es un grupo de amigos para ir y devorarse las calles y carreteras contando chistes malos y buenos, es un grupo para estudiar, planificar salidas nocturnas, para hacer confesiones, guardar secretos, dar consejos y dejarse aconsejar, grupos de amigos para juntos cruzar hacia una etapa adulta, llena de retos profesionales e importantes decisiones.
Cuando comenzó la etapa universitaria, mi miedo interno no fue el mismo miedo de cuando entre a la escuela. Ver a una estampida de estudiantes querer devorarse el mundo, con actitudes egocéntricas, agresivas y otras no tan agresivas, puso mi mente en blanco y de nuevo surgía en mi cabeza ¿a quiénes seleccionare para formar un grupo de amigos, si solo en mi salón hay más de 40 personas? Era evidente que tenía que ser cuidadoso y muy detallista, solo que por ser tan detallista que casi iba a cumplir mis 5 años de estudios universitarios sin amigo alguno.
A mi vida universitaria aparecieron cómicamente 2 personajes, una zapateadora de pequeñas medidas y una escandalosa de grandes proporciones. Por supuesto que ninguno de estos personajes lograron darme una buena impresión, más bien sentía gran repulsión por sus actitudes “rebeldes sin causa”. Hasta el sol de hoy, no recuerdo con exactitud en qué momento mi repulsión hacia estas chicas, se convirtió en una amistad que estar por cumplir 10 años. Fuera de la Universidad, otro personaje entro a mi grupo de amistades, una muchacha aguerrida y sin pelos en la lengua, capaz de transmitir desprecio y a la vez simpatía, por mi lado ganó la simpatía y curiosamente el haber estudiado juntos un año escolar cuando apenas teníamos 8 años.

Particularmente pienso que cuando se seleccionan amigos, se seleccionas diferentes modos de pensar y actuar. En mi búsqueda de buenos amigos, selecciono risas verdaderas, espontáneas, risas que se escuchan a metros de distancia, risas que curan el alma y risas que advierten una noche movida y rochelera. Selecciono el buen humor, ese atributo que nos permite, por fracciones de segundos y minutos, olvidarnos de los malos momentos. Definitivamente en mi grupo de amistades, el humor es un factor importantísimo, que de alguna manera ha sido como un lazo de unión que no se ha quebrantado durante casi 10 años. Por último, selecciono las ganas de gozar la vida, de parrandear las transitadas noches de Lechería y la glotonería de una buena conversación que nos consume la totalidad de la noche y la madrugada.
Sí, la selección de los amigos puede ser una cosa seria, es un proceso que afortunadamente no requiere de fórmulas matemáticas, pero sí de un poco de sabiduría culinaria, esa misma sabiduría que usan en mi casa para escoger los mejores ingredientes para la salsa de espagueti que tanto les gusta a mis mejores amigos
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Paso 2: Empacado y etiquetado.


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