
No soy Chef, ni hago inventos culinarios porque en vez de hacer una gracia termino haciendo una morisqueta. Por supuesto, soy el rey de de las pastas y todas sus variedades: boloñesa, carbonara y al ajillo. Que si me gusta comer? Pues sí, me encanta comer, comer platos sabrosos, con una buena sazón y una buena pinta que después de degustarlo no se me olvide nunca.
Hago mención a lo sabroso que es comer porque en estos días leía un artículo en una revista reconocida sobre un atleta y modelo llamado Ivan Scannel que expresaba su admiración por la comida, pese a que siempre tiene que estar a dieta por las exigencias de su trabajo. Exactamente decía que “la comida era la base alrededor de la cual se reunían, construían y mantenían unidas a las familias, las amistades y las comunidades”.
Qué manera tan acertada de definir el concepto de la comida, siendo una de las acciones más importantes que el ser humano aún no ha olvidado y que por eso es motivo para darle curso a este fiel teclado.
Comer no sólo se refiere al hecho masticar e ingerir los alimentos, es una forma de comunicación e interrelación, es ese momento tan especial que une a toda la familia y que da pie para relatar historias, anécdotas y un sinfín de cuentos que giran precisamente en torno a esa majestuosidad de platillo, lleno de color y aroma indescifrable.
Por ejemplo, en mi casa nunca falta una reunión familiar en donde la comida no deje de ser la protagonista, sea un buen desayuno, un suculento almuerzo o una ligera cena. La mano mágica de mi madre es la que hace posible que una receta sencilla parezca un platillo digno de ser reseñada en las mejores revistas culinarias. Por supuesto que en esas reuniones nunca falta la persona que pida a gritos la receta y elaboración de esa maravilla de comida, pero ojo, es preciso recordar que así hagas una receta siguiendo los mismos pasos del artífice, jamás tendrá ese sabor que con tanto amor salen de esas manos llenas de historia adobadas.
Es que comer es toda una sabrosura, tan sabroso como un buen dulce de chismes maritales, una propuesta de matrimonio entre delicados bocadillos o una jugosa propuesta laboral celebrada entre copas y un buen churrasco de emociones.
Si, la comida es ese compinche ideal – de aderezos y especias – en el que ponemos toda nuestra confianza a la hora de drenar las más intensas emociones, ejemplo claro, la recordada película Como Agua para Chocolate, historia de Tita, una joven que por tradición familiar se le niega la oportunidad de amar, por lo que se refugia en la gastronomía para crear nexos de unión familiar y que usa como medio de expresión sentimental a través de platos exquisitos y emotivos. La importancia de la comida como elemento unificador, también es relatada en programas como Brothers and Sisters, una serie que refleja la conexión familiar a través de grandes banquetes en donde cada uno de sus personajes hace catarsis de sus problemas y conflictos.
Hoy y a pesar del vertiginoso ritmo laboral, no se ha perdido esa tradición de congregar a las familias a través de la comida, algunos no les queda más remedio que esperar las festividades para degustar ricos platillos y disfrutar de una buena sesión familiar llena de bebidas y dulces caseros que siempre alegran el espíritu y el paladar. Yo, particularmente no espero mucho para disfrutar de ricas comidas y melódicas historias familiares, total, siempre tengo el día Lunes para empezar la dieta, que viva la comida!




